Las soluciones que se podían hacer frente a la violencia que estamos viviendo en tumaco es primero que todo hacer como una compaña en contra de la violencia, hacer reuniones por cada barrio y dejarles ver o saber a toda la comunidad que la violencia no deja nada bueno para nuestras vidas, luego de eso haría una campaña en los colegios (instituciones educativas) para hacerles tomar conciencia tanto a estudiantes como profesores y directivos del colegio para que ellos luego lo divulguen a sus diferentes familiares.
Otra solución que pondría sería crear micro empresas para personas con pocos recursos y que no tienen la posibilidad de entrar a una universidad por diferentes motivos el más común es el económico, entonces con base a eso disminuiremos notablemente la violencia que azota a nuestro pueblo tumaqueño.
Las soluciones fáciles casi siempre son las más costosas: la violencia ha crecido, porque cada uno ha tratado de resolverla individualmente, buscando una salida inmediata: la negociación o el pacto con el agresor, o la consecución de unos vigilantes o matones para protegerse. Los matones se multiplican, los secuestros aumentan, y el que creyó que se cuidaba aumentando sus recursos individuales de defensa, mejorando su propia dotación de armas, descubre que todos los que lo amenazan han hecho lo mismo, que entre tanto el estado ha perdido credibilidad y capacidad de acción, y que está más desprotegido que antes. Lo difícil es buscar soluciones en las que todos se involucren, y que partan de un análisis integral del problema: pero lo difícil es lo que funciona.
La violencia es el principal problema que vivimos hoy en nuestro pueblo tumaqueño. Se sufre en forma individual, y lo sufren también los comerciantes: los costos por seguridad se han convertido en una de las mayores cargas del país. Uno se siente impotente, ve que no tiene como influir sobre esta situación. Sin duda, poco podemos hacer para que las guerrillas o los paramilitares modifiquen su forma de actuar, o para que los delincuentes dejen de pensar que el secuestro y otras formas de delito son un buen negocio. Pero algo podemos hacer: por una parte, ayudar a que, así sea poco a poco, la justicia, la policía y los sistemas que regulan la convivencia, se vayan mejorando, recuperen credibilidad. Pero sobre todo, hay que tratar de que todos nuestros actos sean de paz: en la vida diaria, en la relación de familia, en la amistad, en el trato personal con todos los que conocemos, podemos reducir la violencia, cuyas ondas reverberan, resuenan y se amplían hasta niveles que no logramos prever, si actuamos siempre pensando en los derechos de los demás, en respetar a los otros, en ver su punto de vista, y si estamos dispuestos a transar y a buscar la satisfacción nuestra en forma compatible con la de los otros. La paz en el círculo inmediato y personal, y el apoyo razonado y crítico a los esfuerzos por solucionar el conflicto armado que hemos vivido durante cuarenta años, pueden, poco a poco, ir acercándonos al milagro de la paz.

No podemos desconocer los esfuerzos que hacen la Fuerza Pública y las autoridades administrativas por controlar la violencia en el puerto nariñense de nuestro Tumaco, pero todos nos preguntamos por qué la violencia no da tregua y los homicidios son el pan de cada día de esta que es nuestra región que tiene todo de bueno, en su cultura, paisaje e idiosincrasia, pero que está arrinconada por unos pocos que no quieren la paz.
Para lastima de toda la comunidad de bien de Nariño, en esta tierra exótica y de grandes baluartes, no hay día en el que no se produzca un homicidio, la mayoría conectados con extorsiones y ajustes de cuentas, con una sombra gigantesca, el narcotráfico, que según vemos les ha sido imposible a las autoridades derrotarlo, pues parece ser que tiene infinidad de cabezas y cuando muere una salen tres.
Reiteramos el compromiso de las autoridades con la seguridad de Tumaco, pero pese a sus acciones, ese monstruo de la violencia está más vivo que nunca y crece sin que se logre controlarlo. No podemos negar las acciones de las autoridades logradas el año anterior y en lo corrido de 2013, en varios casos ejemplares, pero nuevamente nos preguntamos, ¿qué pasa? ¿Hasta cuando tendrá la comunidad que soportar el azote de los violentos?
Los tumaqueños y en general los nariñenses debemos reconocer la receptividad y el compromiso del presidente Juan Manuel Santos, pero el mandatario está obligado a ver no sólo los resultados de las operaciones de la Fuerza Pública, sino palpar lo evidente, y eso es que la muerte se convirtió en un factor cotidiano y que aparece por doquier sin que nadie lo pueda impedir.


